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Aproximación a la obra de "Benxa" (1907-1989) por Baltasar y Covadonga Álvarez Quintana se distribuye bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivar 4.0 Internacional. Este blog está bajo una licencia de Creative Commons: Reconocimiento No Comercial - Sin Obra Derivada./ Se permite copiar, distribuir y citar públicamente esta obra, con la doble condición de que se reconozca y mencione a los autores y no se utilice con fines comerciales. Tampoco, y en modo alguno, se puede alterar, transformar o generar una obra derivada a partir de ésta. Es voluntad expresa de los autores.

jueves, 18 de enero de 2018

Muestra 4. Contexto familiar (II). Manuel Álvarez

Sobre "Benxa">Biografía>Aspectos
100. Publicado  18-1-2018











Plano de Mieres unos veintitantos años después de aprobarse el ensanche de 1900 (autor, ingº Eugenio Ribera).
Por su fecha incluye ya  la revisión posterior o segundo ensanche. No se trata pues de uno de los documentos originales del proyecto primero de 1900, sino de un estado actual de la evolución de la villa de Mieres. Aunque firmado por R. Pérez, todos los elementos de representación  planimétrica se corresponden con los propios del capataz Manuel Álvarez, a quién lo atribuimos en calidad de dibujante integrante del equipo de Ribera.
Publicado por Pérez González, R., “Mieres”, cap. II, 
en VV.AA., Geografía de Asturias, vol. 2, págs. 94-95. Avilés, 1982.




4.5 Manuel Álvarez Álvarez (cont. 19)
(Antepasados técnicos industriales  de Benxa)


Años 1890. Integrante del equipo redactor del ensanche de la villa de Mieres dirigido por el ingeniero Eugenio Ribera en 1900

Con anterioridad a los ensanches propiamente dichos otras iniciativas urbanas, no de su estricta calificación, contribuirán de forma más espontanea a gestar operaciones menores que vinieron igualmente a ampliar y modernizar el suelo urbano. Podrían denominarse pre-ensanches y en Mieres deja testimonio de ellos el plano de 1895, que examinamos ahora antes de hacerlo del siguiente, el del propio ensanche de 1900. Además este anticipo del documento urbanístico tal detecta cierta relación con los capataces Álvarez/Rodríguez. Con el primero por delinear el plano donde se insertan ya operaciones asimilables al recrecido de Mieres de 1900, y a ambos porque para los años 1890 ya figuran domiciliados en La Pasera, enclave que junto con Sobrelavega ya fueron presentados como barrios especiales por su clara orientación urbana respecto a los demás núcleos orillados a la carretera Adanero-Gijón, aldeas de origen campesino pero para las fechas dominados ya por un vecindario de ocupación industrial.

La Pasera no resultó producto del ensanche de 1900, pero sí el núcleo principal de entre los dos antiguos recién indicados. Exactamente su suelo o superficie sería tomado como referencia para el trazado principal del nuevo callejero, resultando éste como soldado a La Pasera y producto más directo de su crecimiento. Signo inequívoco, pues, de su jerarquía urbana y centralidad dentro del Mieres anterior a 1900. Asimismo a La Pasera le correspondería un lugar preeminente en este anticipo del ensanche en función de su uso residencial de nivel medio, del buen caserío todavía heredero de las maneras constructivas del Antiguo Régimen y de la presencia de buena parte de los servicios [Entrada 5-1-2018]. Distribuida a ambos lados de la carretera de Jovellanos, aunque situadas a desigual distancia de la misma la zona principal oeste y la este, el plano de 1895 recoge otros dos áreas de interés de este seudoensanche. Una en el límite sur de La Pasera, la calle de Camposagrado o de la estación, trazada en los 1870 uniendo ésta con la carretera que articulaba los distintos nucleolos que integraban Mieres. Calle de otro modo con cierta analogía con la de Campomanes en Oviedo, también proyecto adelantado de crecimiento movido por la necesidad de unir el casco antiguo con la estación del ferrocarril. Y dos, retornando a La Pasera y vecina de ésta por el norte, la iglesia parroquial de San Juan Bautista, patrono de la villa, de cuyo imafronte arrancaría el trazado (todavía ausente) de la otra gran calle del ensanche tal, orientada en sentido paralelo a la de la estación y limitando por el norte y sur, respectivamente, el trazado del futuro Mieres del nueva planta proyectado por Ribera cinco años después.

Y restan otros dos enclaves donde más espontánea que planificadamente, fueron tomando cuerpo tipologías edificativas que luego se impondrían en el ensanche propiamente dicho. Se trata de Sobrelavega, barrio de nueva creación a raíz de la construcción de la Casa Consistorial en los años 1860, y del tramo comprendido entre la avenida de la estación (surcada por la vía del ferrocarril minero de El Peñón) y todo a lo largo de La Pasera, pero precisando que en su acera oeste, donde se desplegaba la vega de cultivos. En torno al Ayuntamiento y en formacionón entre medianeras se sucedía en esta área un caserío moderno en altura, el que se erigirá luego en prototipo de edificio urbano habitual en los ensanches del XIX, de ocupación dominantemente plurifamiliar, de dos a cuatro alturas sobre rasante, elegante balconaje presidiendo la fachada, de otro modo austeramente decorada, y la omnipresente galería acristalada en al alzado opuesto, con función múltiple además de servicio de la cocina. Sin abandonar La Pasera y en una de estas viviendas de clases medias ocupada en régimen de alquiler residió el capataz Álvarez con sus hijos tras enviudar en 1910 [AMA]. Las condiciones de habitabilidad de la vivienda superarían con creces el anterior domicilio en El Mesón -también en La Pasera, unos metros más hacia la iglesia y en la acera de enfrente-, un caserón destinado al uso que su nombre apunta y del que resulta destacable su carácter representativo del caserío original que conformó este punto neurálgico a la hora de establecer la conexión entre el antiguo y el nuevo Mieres en su primera fase de crecimiento planificado.

En el terreno de las decisiones sobre el futuro de la villa de Mieres no extraña que Manuel Àlvarez efectuara una modesta inversión en este espacio de La Pasera. A finales de los noventa o en el decenio siguiente adquirió la casa conocida como de “José el Zapatero” [Benxa, Una Comarca…, pág. 27], pero continuó residiendo de alquiler y hasta los últimos años de su vida no trazó un proyecto de ampliación y reforma orientado a mejorar la situación económica de los hijos pendientes de emanciparse. A colación de lo anterior y como testimonio de su poco más que simbólico patrimonio inmobiliario, pese a su actividad en un sector altamente lucrativo, se tiene noticia de otra vivienda por él mismo proyectada en 1899 en La Peña, al pie de los hornos de la Sociedad La Unión [AMA]; casa exenta que llegó a edificarse y posiblemente a arrendarse.
Hasta aquí algunas observaciones de naturaleza urbanística a partir del plano de la villa de Mieres de 1895 atribuido a Manuel Álvarez, aunque no firmado por tratarse de un documento administrativo al servicio del Ayuntamiento. Precisamente la firma de Álvarez, cuando figura, constituye uno de los recursos para calificar sus trabajos cartográficos de personales o de autor, esto es, surgidos de motu propio; lo mismo que los planos anónimos pero a él atribuidos se corresponden con levantamientos contratados y remunerados. El o el conjunto de planos que siguen al de 1895 integrarían el proyecto de ensanche de 1900 (el primero de Mieres, pues hubo otros posteriores) “presentado” [Pistono/Burgos] por el ingeniero Ribera a la corporación municipal local. En su defecto –al menos creemos que no se encuentra publicado- se impone recurrir al siguiente por orden cronológico, también sin firmar ni fechar. O precisando, firmado por R. Pérez, el autor del capítulo sobre geografía urbana de Mieres [Referencias abajo, Pérez González], fechado por éste en la segunda mitad de los años 1920 y por otros [Pistono/Burgos] en el precisp año de 1920.

Por segunda vez en esta sección del blog atribuimos un plano urbano de Mieres al capataz Manuel Álvarez [Entrada 5-1-2018]. Trazos, figuras de edificaciones, líneas, ferrocarriles, huertos, ríos y rótulos resueltos en distintas tipos de letra se corresponden con sus maneras gráficas, y más aún, muestran semejanzas evidentes con sus equivalentes en el plano de 1895 –véase la reproducción casi exacta de la manzana edificada en la acera de en frente de La Pasera, la del caserío desordenado y más antiguo. Para 1920 Álvarez Álvarez ya se había trasladado a Olloniego, pero tal y como ocurrió con otros trabajos planimétricos suyos, encargados en fechas tardías y cuando ya desempeñaba otro puesto y actividad profesional, se le buscaba allí donde se encontrara para, en calidad de experto en el tema en fechas anteriores, solicitarle planos actualizados garantizados por su conocimiento directo y la documentación de origen guardada entre los materiales de su archivo. Noticias en este sentido constan tanto a efecto de planos de la población de Mieres como de cartas geológico-mineras.

Volviendo al ensanche de Mieres de 1900, un recorte del plano más moderno mencionado, unas dos décadas posterior [figura de cabecera de la entrada], permite acercarse con fidelidad a la evolución morfológica del Mieres nuevo, máxime perteneciendo ambas representaciones urbanas (1895 y 1920-1925 o más, respectivamente) al mismo dibujante en calidad de delineante. No procede aquí ahondar en este primer proyecto de crecimiento planificado para el futuro de la villa en los años iniciales del siglo XX. Su reducido tamaño, el sensible retraso en abordarse, la reproducción fiel de los intereses económicos prioritarios y de los principios formales que a gran escala se venían aplicando en las grandes capitales, u otros aspectos por el contrario atípicos del núcleo preexistente de Mieres y demás análisis ya fueron tratados o lo serán en trabajos complementarios de precisión. En su lugar únicamente destacar el escaso margen de acción con que contó su artífice Ribera, aquí limitado a un trabajo que desmerece su talla singular como diseñador de puentes de innovación tecnológica para su tiempo. Y a la inversa, dejar constancia de la oportunidad que para el capataz Álvarez, como subordinado de un técnico superior de destacado talento, entrañaría esta colaboración, pues aunque desenvuelta en una materia ajena a la minería, las inquietudes plurales del ayudante beneficiarían su interés por la diversificación de los conocimientos técnicos.

No se descarta que a raíz de este contacto Manuel se interesara por la proyección y dirección de edificios modernos para la villa, coincidiendo igualmente con su labor como constructor de hornos sistema Rodríguez. Su hijo menor, Benxa, dejó constancia del orgullo sentido por su padre durante esta etapa de trabajo a las órdenes del ingeniero “D. Eugenio Ribera”. En más de una ocasión había comentado en su casa aquel dato que luego resultaría objeto de confusión para alguno de quienes se interesaron por él. Escuchar : “Mi padre hizo el plano del ensanche de 1900”, literalmente se prestaba a sobreentender en calidad de autor, cuando la participación a la que Benxa se refería se ceñía a título de dibujante o delineante dentro del equipo responsable. Pero también citaba curiosidades como la de que todas calles del primer proyecto del nuevo Mieres guardaban una orientación casi exacta norte-sur y este-oeste, y también en algún artículo extraviado dejó declarado cómo en algunos aspectos del diseño el ingeniero de obras públicas había tenido en consideración y aplicado ciertas sugerencias advertidas por el capataz minero, lo que no resulta extraordinario dada su condición de vecino y buen conocedor de Mieres, su misma formación y el perfil curioso y observador que lo caracterizaba.
Como una fortuna inmaterial, la del saber ampliado, fue interpretado por Manuel este periodo de Ayudante de Obras Publicas en el Ayuntamiento de Mieres. A esta valoración no resultó tampoco ajena la oportunidad de aproximarse a otro campo de la representación planimétrica del espacio, la urbana.





Referencias
. Álvarez “Benxa”, B., Una comarca a punta de lápiz. Laminarium de Mieres y Lena. Oviedo, 1975.
. Pérez González, R., “Mieres”, cap. II, Geografía de Asturias, vol. 2, págs. 75-133. Avilés, 1982.
. Pistono Favero, J./Burgos Fernández, E., “Influencia del ferrocarril en el ordenamiento urbano. Asturias: Mieres y los ferrocarriles mineros”, Historia Ferroviaria. Gijón, 2003. (PDF).








domingo, 14 de enero de 2018

Muestra 4. Contexto familiar (II). Manuel Álvarez

Sobre "Benxa">Biografía>Aspectos
99. Publicado  14-1-2018














Tablero de dibujar y calcar planos de Manuel Álvarez.
Curiosidades (término muy del gusto de Benxa): gran formato y peso, madera (estructura y marco)
y cristal porta-planos; pie artístico, inclinación regulable. Y especialmente, trasladado al exterior para
fotografiarlo en buenas condiciones lumínicas, como si de un retrato de figura se tratara.
Fotografía,  Rómulo Álvarez.








4.5 Manuel Álvarez Álvarez (cont. 18)
(Antepasados técnicos industriales  de Benxa)


Años 1890. Integrante del equipo redactor del ensanche de la villa dirigido por el ingeniero Eugenio Ribera en 1900

Benxa en reseña biográfica [Entrada 28-12-2017] atribuye a su padre la participación en el trazado del nuevo callejero del ensanche. Verbalmente se le escuchó en varias ocasiones que su padre había hecho/dibujado el plano del futuro crecimiento de Mieres. El argumento se presta a confusión, más entre ajenos la historia de los ensanches decimonónicos. De ahí que uno de quienes sufrieron el malentendido contribuya aclararlo, pues más que un error a favor de un falso protagonismo, debió de tratarse de una falta de precisión entorno a dos conceptos diferentes: Proyecto como producto del autor o artífice y plasmación de su idea; y planos, levantados por el dibujante a sus órdenes. Proyecto no se identifica con plano; éste integra tan sólo una parte de aquél. El proyecto constituye una obra de autor en sí (en este caso el ingeniero Eugenio Ribera) y lo integran varios documentos: la memoria (escrita), donde el autor expresa los exigencias y motivaciones del encargo, el programa de necesidades previsto, los principales problemas y la respuesta que considera mas acertadas para todo ello. Condiciones técnicas, presupuestos y serie de planos completan este género de documentos. En ellos las planimetrías traducen a formas dibujadas la idea y propósitos (realidades mentales) del autor, al tiempo que sirven de puente entre éste y los técnicos y operarios que, conocedores del lenguaje gráfico estándar utilizado, traducen las formas sobre papel a obra de fábrica. Pues bien, en este eslabón intermedio, el de los dibujantes o delineantes, se insertaría la intervención del capataz Álvarez en el proyecto de ensanche de Mieres de 1900.

Hasta aquí dos conclusiones. El proyecto de crecimiento de Mieres presentado al Ayuntamiento en 1900 resultó de entera responsabilidad del ingeniero Ribera, a efectos de todo comentario y valoración, en la que aquí, por consiguiente, no procede abundar. Incluso los planos de la población preexistente y del espacio de ampliación futuro fechados en 1900 figurarían firmados por él mismo y no por el dibujante. Figurarían, expresado en tiempo verbal potencial, pues entre las publicaciones consultadas sobre dicho documento no encontramos ningún plano que se corresponda con el proyecto ahora tratado. Sí aparece muy reproducido el plano previo de 1895 –que atribuimos al capataz Álvarez [Entrada 5-1-2018]- y otro más reciente de la población de Mieres ya ensachada y parcialmente ocupada. Pero no figura una fecha única o ni siquiera aparece datado en las publicaciones que lo incorporan a título de ilustración. Pensamos más ajustado su levantamiento en 1920 [Pistono/Burgos], o en la segunda mitad de los años veinte [Pérez], pues el que copia Benxa [Rfa. abajo, pág. 28] con fecha de 1915 parece hacerlo a partir de otro plano posterior, en función de la superior ocupación de edificios y el mayor área de suelo urbano ya planificado.

En cualquier caso no indagamos más sobre los planos clave del ensanche de 1900, que no figuran en las publicaciones básicas revisadas sobre el tema. Los más recientes de la población de Mieres ya ensanchada y vuelta a ampliar por los años mil novecientos veinte, lo mismo que aquél y el ya presentado de 1895 se deben en buena parte a la mano del capataz Álvarez al que encontramos haciendo funciones similares a las de cartógrafo de hecho para el Ayuntamiento de Mieres, tal y cono se verá en las entradas correspondientes por publicar. Cartógrafo de la población de Mieres y de todo el término municipal, y siempre perseverando en el desdoblamiento en dos registros de su dedicación: el encargo profesional remunerado y el trabajo libre de autor impulsado por la afición y el gusto por las materias implicadas.

Relativo al ingeniero Ribera y a Manuel Álvarez sobre los encargos encomendados por parte del Ayuntamiento de Mieres, procede valorarlos como muy modestos. En el capítulo concerniente a los trabajos de higiene y saneamiento de núcleos preexistentes (traídas de aguas, fuentes, lavaderos, etc.), la figura del ingeniero Ribera, llamado a convertirse en un autor de vanguardia en la ingeniería de los puentes de hormigón armado, aparece disminuida por esta clase de encargos menores. Pero en otro orden de cosas, ambos técnicos y los proyectos concretos de carreteras rurales a cargo de Manuel informan de la dimensión más social y popular de sus intervenciones impulsadas por la ley de 1895 sobre reforma interior, desde el momento que beneficiaban a las clases más desatendidas –antes campesinos, ahora también trabajadores industriales llegados de afuera- en sus necesidades primarias (vivienda, higiene, comunicaciones).

En cambio el proyecto de ensanche a que obligaba la misma medida de 1895 el equipo de Ribera atiende los intereses de la burguesía; estamento y sus divisiones internas que en Mieres manifiestan una situación particular, consiguiente a su condición de reducida población industrial desprovista del rango de capital de provincia. De una parte la alta burguesía y la gran empresa, titular del grueso del suelo urbanizable (Conde de Revillagigedo, Marqués de Camposagrado, Fábrica de Mieres) [Pérez], por el hecho de residir fuera, y de otra una clase media de escasos efectivos y sí residente (profesionales, pequeños propietarios, comerciantes, artesanos). Tras el pionero y progresista ensanche de Barcelona (1860 aprobación), el resto de la legislación sobre estas operaciones urbanísticas priorizó la generación de plusvalías del suelo a urbanizar, convirtiéndose, junto con la construcción inmobiliaria, en un nuevo sector de inversiones y especulación, generador de sustanciosos beneficios. De modo que al estamento mesocrático inferior, también beneficiado por la creación de ensanches, le correspondía en Mieres el privilegio de residir en estas zonas de nueva planta, saneadas, dotadas de infraestructuras modernas equiparables a las nuevas tipologías y estilos del caserío. No obstante, este absentismo de Mieres de las élites burguesas y el restringido cuerpo de la clase media instalada en las mejores zonas del pre-ensanche, que ya figuran en el plano de 1895 [Entrada 5-1-2018], explican la lenta ocupación del plano trazado en 1900 y la calificación del ensanche de Mieres como un ejemplar u operación incompleta si se lo compara con el correspondiente a una de las grandes capitales, entiéndase Barcelona, Bilbao, etcétera. Y ello precisamente por esa ausencia del vértice social en la pirámide de residentes y usuarios.





Referencias

. Álvarez “Benxa”, B., Una comarca a punta de lápiz. Laminarium de Mieres y Lena. Oviedo, 1975.
. Pérez González, R., “Mieres”, cap. II, Geografía de Asturias, vol. 2, págs. 75-133. Avilés, 1982.
. Pistono Favero, J./Burgos Fernández, E., “Influencia del ferrocarril en el ordenamiento urbano. Asturias: Mieres y los ferrocarriles mineros”, Historia Ferroviaria. Gijón, 2003. (PDF).










viernes, 5 de enero de 2018

Muestra 4. Contexto familiar (II). Manuel Álvarez

Sobre "Benxa">Biografía>Aspectos
98. Publicado  5-1-2018










Plano General de la Villa de Mieres, 1895. Atribuido ahora por vez primera
a Manuel Álvarez Álvarez (1862-1932). Publicado Pérez González, R., "Mieres" Geografía de Asturias. Vol 2, pág. 79. Avilés, 1982.






4.5 Manuel Álvarez Álvarez (cont. 17)
(Antepasados técnicos industriales  de Benxa)


Años 1890. Ayudante de obras públicas en el Ayuntamiento de Mieres y colaboración en el Plan de Ensanche de 1900 a cargo del Ingeniero Eugenio Ribera

Hacia 1892 cuando el ingeniero Ribera -jefe de Manuel Álvarez- se incorporó al Ayuntamiento de Mieres más que un proyecto de ensanche resultaba perentorio el saneamiento y la reforma interior. La ley de 1895 daba título con esos tres términos a dos clases de operaciones: la intervención urgente en el tejido preexistente y la planificación de un área de nueva planta prevista para la expansión de la población.  Por entonces Mieres daba nombre a un concejo bien definido, pero no así su capital.
En lugar de un pueblo-calle tipo conformaba una alineación de aldeas rurales asentadas a los bordes de la carretera Adanero-Gijón, arrimadas a las laderas del este para restar la menor superficie posible a la extensa vega fluvial del río Caudal, su principal recurso de vida antes de la industrialización, pero también para evitar sus avenidas, incontroladas durante los casi tres cuartos de siglo posteriores. A estas aldeas de La Villa (extremo sur), Requejo y Oñón (límite norte), se había sumado un tercer foco igualmente carretero, Sobrelavega, de potencial carácter urbano al edificarse en él la Casa Consistorial en la década de 1860. Se hallaba situado este lugar levantado de nueva planta muy próximo al último enclave poblado por citar, La Pasera, dotada ya para entonces de usos y fisonomía propios de las cabeceras de municipios preindustriales: templo parroquial, posada, escuela municipal, otras dos de pago, algunos comercios y talleres de artesanos, junto con las viviendas contenidos en un caserío austero pero de buenas proporciones y factura. Sobrelavega y La Pasera ocupaban el segmento intermedio de la población longitudinal o en cordón de nudos  (nudos los distintos núcleos) que era por entonces Mieres. Ambas se distanciaban del carácter rural de origen impreso en las demás, orientándose, ya de hecho La Pasera en sus dos aceras y todavía en ciernes Sobrelavega, a ambos costados de la Casa-Ayuntamiento [Pistono/Burgos], como barrios residenciales mesocráticos dotados de un pequeño comercio; en cierto modo un anticipo del ensanche de la villa (1900) todavía pendiente de proyectar .

En número y en ocupación la población en estos reducidos núcleos bajos de la vega de Mieres y los que escalonaban las laderas sobre los puntos industriales neurálgicos [Álvarez Álvarez] ya dejaban  constancia del fenómeno demográfico propio de los enclaves del maquinismo histórico. La inmigración intensa hacia territorios donde la subsistencia podía sustituirse por un trabajo asalariado, sumado a la ausencia de medidas de alojamiento que dieran respuesta a tal densidad de nuevo vecindario, acabó resolviéndose de forma espontánea, improvisada al tiempo que insostenible. Los propios nativos procuraban a los forasteros cuartos, viviendas y otros anejos agropecuarios subdivididos, o realquilaban habitaciones en función de las horas libres de los diferentes turnos de trabajo. La degradación física e higiénica que ponía en peligro la salubridad pública desembocó en las medidas contenidas en la Ley de 1895 que se aplicaron restrictivamente en Mieres por la escasez del erario municipal. De modo que por la misma razón presupuestaria, la modesta envergadura de la futura villa y su situación periférica, la iniciativa legal del 95 había dejado atrás otras dictadas para el resto del país en esta materia y en la que constituía su inmediata, la de los ensanches, vigente desde hacía más de treinta años.

Entre los planos de población de Mieres más veces publicados destaca por su antigüedad y coincidencia cronológica con la referida Ley el fechado en 1895. Estimamos que se formaría desde el negociado del ingeniero Ribera, como un estado actual y herramienta necesaria tanto para la reforma interior como a título de prólogo o punto de partida para la redacción del proyecto de ensanche de la villa que imponía la medida oficial de 1895. El plano, a juzgar por las reproducciones muy bien conservado, encaja en la mitad superior el conjunto del área poblada que dibuja una figura longitudinal, secuencia de reducidos núcleos en cordón cuyo eje norte-sur (La Pasera-Sobrelavega-La Villa) se quiebra a partir del río San Juan (Requejo y Oñón). A los pies del caserío, a poniente la fértil vega intacta, excepto algún camino rural y la vía del ferrocarril minero de El Peñón sobre la calle de Camposagrado, el único acento de la urbanística decimonónica que se refleja a falta todavía del callejero y manzanas del ensanche: la universal arteria rectilínea que une el ferrocarril, siempre alejado, con el tejido antiguo, y que en este caso cruza airosa las tierras de labor –“mar de arbeyos y maíz”, croquis de Rómulo Álvarez- y prados en sentido perpendicular a la cadena del caserío de la villa.  Por ahora y por efecto de ésta vía, la superficie construida dibuja una “T”,  cuyo mástil asemeja una gran avenida urbana, aunque lo que prime sea la vía del ferrocarril minero. Hacía el número tres (primero por orden cronológico) de los que circulaban por la vega ya para estas fechas; tres infraestructuras a su vez expresivas  del grado de industrialización alcanzado por la villa y, al unísono, un condicionante físico del planeamiento urbano por venir [Burgos/Pistono].

La mitad inferior de esta carta urbana se reparte entre un segmento mínimo y meramente testimonial de la situación del río Caudal encajado en el centro del plano;  a la izquierda, la rosa de orientación o puntos cardinales y en el tercio opuesto el título y datos básicos del plano:

PLANO GENERAL DE LA VILLA
DE
MIERES
-1895-
ESCALA = 1:2.500


No aparece firmado pero por las maneras de representar calles, caminos, huertos, caserío, ferrocarriles, lo mismo que por el estilo de las fuentes usadas para los rótulos menores y en especial el título e identificación, asumimos el riesgo de su atribución a Manuel Álvarez. Ello una vez examinados comparativamente y en detalle otros planos de población suyos posteriores, y siempre sin otorgarle mérito mayor alguno ni al documento ni al autor. Estaríamos ante un trabajo profesional que responde a un encargo preciso y el capataz de minas estaría actuando aquí como un mero delineante, cuerpo por el que sabemos que se interesaría especialmente por los años 1920, recomendando concurrir a oposiciones al mismo a miembros de su círculo. No obstante, en caso de destacar de esta pieza algún rasgo de interés, sugeriríamos los siguientes. Uno, como demostración de la versatilidad manifiesta con los distintos géneros de la representación planimétrica. Desde los trabajos hasta ahora publicados aquí, pertenecientes a su ocupación principal (planos geológico-mineros, topografías subterráneas, sistemas de estructuras y laboreo) o las edificaciones e instalaciones vinculadas igualmente al medio extractivo, reaparece en las citas actuales como dibujante de planos aéreos de población, prólogo de labores de cartografía territorial a mayor escala -dos en concreto, separadas por veinticinco años en su ejecución-, o de variedades calificables de curiosidades [Benxa]; estos dos apartados últimos ya en calidad de autor y no como en aquellos reducido al papel de dibujante. Dos, considerar el documento de 1895 como el origen de la formación de otros planos de la localidad y del término municipal,  que en conjunto podrían contribuir a destacar su labor como un activo cartógrafo de Mieres durante un tercio de siglo, a contar a partir de esta fecha. Y tres, que como ocurrió con sus proyectos municipales de carreteras [Entrada 28-12-2017], el trabajo propiamente dicho levantando cartas urbanas del Mieres del cambio de siglos XIX al XX acabará por hacerlo suyo a título personal, convirtiéndolo en una afición más, suma de curiosidad innata y afecto desinteresado por el trabajo técnico o afín,  lo que a la postre entrañó mantenerse activo en su cultivo hasta su muerte. Y  lo mismo específicamente en lo que atañe a la labor como cartógrafo perseverante de Mieres; Mieres capital, término municipal y alrededores de éste.







Referencias

. Álvarez Álvarez, M., El concejo de Mieres y sus alrededores a vista de pájaro. Escala de 1 por 20.000. Mieres, 10 de mayo de 1906.
. Pérez González, R., “Mieres”, cap. II, Geografía de Asturias, vol. 2, págs. 75-133. Avilés, 1982.
. Pistono Favero, J./Burgos Fernández, E., “Influencia del ferrocarril en el ordenamiento urbano. Asturias: Mieres y los ferrocarriles mineros”, Historia Ferroviaria. Gijón, 2003. (PDF)












jueves, 28 de diciembre de 2017

Muestra 4. Contexto familiar (II). Manuel Álvarez

Sobre "Benxa">Biografía>Aspectos
97. Publicado  28-12-2017












Carretera a Seana (Siana), en la ladera oeste de Mieres, sobre la primitiva estación del Ferrocarril del Norte. Proyectada por Manuel Álvarez y recogida por él mismo en este detalle de su plano topográfico El concejo de Mieres y sus alrededores. 1906. E.1:20.000




4.5 Manuel Álvarez Álvarez (cont. 16)
(Antepasados técnicos industriales  de Benxa)


Años 1890. Diversificación de la actividad profesional. Ayudante de obras públicas en el Ayuntamiento de Mieres.

“Desempeñó un cargo interino en Obras Públicas del Ayuntamiento de Mieres, haciendo los proyectos de carreteras de Baiña, Seana, Cementerio de Rebollada, etcétera. [“Biografías”, Centenario, 1952, sin paginar].

“Prestó servicios al Ayuntamiento de Mieres contribuyendo al trazado  de las calles y trazando el plano topográfico del concejo correspondiente (…) Proyectó diversas carreteras del término y multitud de edificios modernos para las calles de la villa.” [Benxa, reseña biográfíca mecanografiada, Mieres, 1979].


Situamos en la misma década de 1890 y en los años de inicio del siglo XX esta segunda ocupación que cursa en paralelo con la dedicación a la minería del mercurio. A su vez la dividimos en tres ámbitos diferentes: 1. Proyecto y dirección de viales y equipamientos en núcleos rurales en rápido y desorganizado crecimiento por la llegada de operarios industriales al municipio de Mieres. 2 Intervención en la reforma interior y planeamiento urbano de lo que sería villa de Mieres a partir de 1900, hasta entonces aldeas rurales igualmente desbordadas por el crecimiento de la población asalariada. Y 3, proyectos de edificios residenciales en menor número de lo que Benxa recoge en la reseña biográfica. Por los años noventa acaece esta ramificación de la ocupación principal del capataz de minas desde el momento en que asociamos su contrato de colaboración con el Ayuntamiento con la presencia al frente de la oficina municipal de dibujo, obras y proyectos del ingeniero Eugenio Ribera (servicios, con interrupciones, entre 1892 y 1903, compartidos también con otros trabajos fuera del consistorio de Mieres y, dentro de él, con otros ingenieros).

En los noventa el municipio ya contaba con una muy notable y consolidada actividad industrial, pero el estado de las arcas municipales no se correspondía con la nueva riqueza que se generaba en su suelo y subsuelo. Para las imperiosas necesidades de reforma, higienización y ordenación del crecimiento de los núcleos rurales preexistentes y de los llamados a convertirse en Villa de Mieres (La Villa, La Pasera, Requejo y Oñón),  el Consistorio recurrió a la sucesión de contratos de ingenieros varios, posponiéndose hasta mucho después el nombramiento de arquitecto municipal. Ni qué decir tiene que por economía el ente municipal recurría a contratar interinamente a titulados técnicos menores, ni siquiera a los más a propósito, los maestros de obras, sino a otros de la cantera local, los efectivos de las promociones de capataces salidos de la Escuela de  Mieres. Minas, hornos y maquinas componían las competencias y saberes de aquéllos, si bien su formación incluía nociones de viales (planos inclinados, trincheras o caminos mineros, ferrocarriles interiores o ramales de empresa) y edificaciones cerradas (naves, pabellones para oficinas, casas de dirección etcétera).

El ingreso de Álvarez como ayudante de obras públicas a las órdenes del ingeniero Ribera (numerosas referencias orales, escritas y publicadas de Benxa lo relacionan con su padre), no se descarta que contara con el apoyo de la familia política de su cuñado Ramón, los Velasco, como tampoco que su recomendación se fundamentara en su reconocida capacidad como dibujante técnico, calificación que precisa pormenorizarse. Más que buen dibujante (limpieza, calidad y estética del trazo), resaltan las biografías de su trayectoria profesional general el espíritu analítico, metódico, preciso, riguroso y detallista que nosotros comprobamos reflejado en sus trabajos gráficos; en suma, la fiabilidad del dato representado respecto a lo puramente formal o a la apariencia.  También como dibujante, además de una manifiesta afición personal por el medio, contaba con una estimable formación en geometría, con el dominio de los distintos sistemas de representación y de sus aplicaciones geológico-mineras, así como conocimientos técnicos (excavación, cimentación, estructura, pendientes) comunes a las explotaciones mineras y obras públicas de reducida envergadura como las arriba enunciadas.

Estos proyectos de carreteras menores debieron resultar de menor atractivo que los trabajos en el mismo negociado consistorial centrados en la que ya era denominada Villa de Mieres, si bien morfológicamente permanecía pendiente de recibir el formato moderno de ciudad procedente del proyecto organizado de crecimiento conocido como ensanche. No obstante, estos proyectos de carreteras y cementerios rurales del municipio de Mieres debieron ser numéricamente poco significativos, pero sí influyentes desde entonces en Manuel por esa curiosidad constante que se le atribuía.  De esta experiencia permaneció un interés entre científico y lúdico –de nuevo sus “entretenimientos”-  por idear trazados más favorables para las carreteras de su entorno, apoyándose en sus conocimientos topográficos, geológicos y técnicos en general. Por ejemplo, la carretera de su muy admirado Jovellanos,  de 1797,  –a cuyos márgenes, curiosamente, fijo la mayoría sus domicilios conocidos en Mieres y Olloniego-,  con el objeto de  evitar el  sufrido tramo de El Padrún,  había rectificado in mente su trazado, desviándola por los actuales túneles de Peñamiel, justo por donde cuarenta años después de su muerte se construyó la carretera nacional 630 [Oral Benxa]. También de proyectar aquellas carreteras rurales, que a su vez informan de la necesidad  de dar acceso a los trabajadores vecinos de aldeas situadas sobre enclaves mineros y siderúrgicos, pudiera derivar otro divertimento culto de claro signo  histórico: la reconstrucción de la calzada romana entre Mieres y Oviedo, plano dibujado seis años antes de su muerte.